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Y si tu mundo está al revés, prueba a hacer el pino

Qué bien se nos da ahogarnos en un vaso de agua, puede que sea por vicio o por la tendencia al caos que forma parte del ser humano. Nos gusta decir que vamos buscando la forma de ser feliz, pero lo cierto es que preferimos dedicarnos a deshacer los puzzles cuando los terminamos, porque somos así, inquietos exploradores y creadores de nuevos paisajes.

A veces nos atascamos y todo nos parece un problema, el escritor se desespera porque su musa ha pedido una excedencia y está de año sabático en algún lugar pasado el ecuador, el estudiante de primera empieza a suspender parciales porque se ha distraído cuando el amor le ha saludado desde un balcón y las aves migratorias se pierden por el camino porque este cambio climático nos tiene a todos despistados.

pajaros

¿Qué será lo que desata en nosotros esa ansiedad de quererlo todo, y quererlo ya? Cuando somos niños tenemos la ventaja de no saber pensar más allá, y cada cosa que descubrimos se lleva toda nuestra atención. Disfrutamos de aprender, de sorprendernos cuando papá está arreglando el tostador y nos enseña cómo es por dentro, sabemos conformarnos con una sola cosa sin tener la necesidad de abarcar varias a la vez. Pero según vamos creciendo nos vamos acostumbrando a la sensación de la ilusión y buscamos otras formas de conseguir sentirla con la intensidad de antes. Qué estúpidos, hemos desaprendido a emocionarnos y no nos damos cuenta de que sigue estanlunesdo ahí, en cosas tan sencillas como el dibujo infinito de las ondas en el agua cuando tiras una piedra,  en  el regusto dulce de por la mañana cuando recuerdas que has soñado con él o en el olor a palomitas recién hechas.

Vaya, no debería hablar de esto antes de comer…

Nos complicamos porque nos da por trabarnos en los “problemones” más sencillos, nos empeñamos en estudiar nuestra realidad a través de una lente que no corresponde a nuestra dioptría y lo vemos todo mucho más grande, mucho más lejos o mucho más borroso de lo que es. A veces nos da por agobiarnos pensando que no llevamos el mismo rumbo que trazamos antes de salir, ¿no has pensado nunca que el hecho de que no quieras ir a un lugar no significa que no merezca la pena? Una vez mis padres me llevaron a París en contra de mi voluntad (era demasiado adolescente para aceptar un viaje en familia) y aún recuerdo con asombro esas calles kilométricas con sus árboles perfectamente recortados en línea recta, y las cosquillas en la boca del estómago al asomarme al balcón de la Torre Eiffel. Jamás olvidaré todo lo que aprendí de en ese viaje.

Aconsejan por ahí pinoque si la vida te da limones, prepares la exprimidora y te hagas una buena limonada. Yo soy más de hacer el pino cuando todo está al revés, ¡qué más da si vas en falda! ponte unas mayas cortas debajo y a correr, como cuando ibas al cole. Vuelve a ser un niño, los niños siempre encuentran soluciones sencillas a los problemas: si se acaba el dinero dibujan un billete con rotus, y si les duele la cabeza no se preocupan porque mamá compró tiritas ayer.

Aprende a sentarte y disfrutar del puzzle que estás intentando armar, no prefijes un tiempo récord para acabarlo y céntrate en la pequeña emoción cuando consigues encajar una pieza con otra. Créeme, así es mucho más divertido.

           “Si quieres volar primero tienes que despegar los pies del suelo ¿No puedes? entonces prueba a quitarte los zapatos”

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