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La sombra de ti

¿Dónde comprar un castillo en el que encerrar a mis fantasmas? ¿dónde buscar los minutos que se le perdieron al reloj? Es difícil encontrar el impulso para saltar cuando tus pies no están pegados al suelo, y por más que pienso, no tengo ni idea de cuándo dejé de ser una excepción a la ley de la gravedad. Aunque sé que en realidad, lo más grave fue equivocarse.

volar

No sé en qué momento decidí soltarme de tu mano, no sé por qué dejé que la desilusión agarrara los estribos y perdiera el control. Pocas veces me he asustado tanto como cuando desperté del golpe, me encontré completamente sola y sin saber dónde estaba. ¿A quién pedirle indicaciones si ni si quiera sabes a dónde ir? Antes eso era divertido, cuando el destino era lo de menos, cuando lo único que me importaba era que me acompañabas en el viaje y descubríamos mundos hechos solo para ti y para mí, mundos construidos en las estrellas a las que la gente pide sueños. Éramos los dueños de nuestro paraíso.

cruce de caminos

En ti encontré la razón por la que compartirlo todo, abrí las puertas de mi alma y te dejé entrar. Limpiaste el polvo de los recovecos y amueblaste una habitación para ti, aprovechando cuando yo no me daba cuenta para ir conquistando más terreno. Después lo coloreaste todo con una preciosa banda sonora y me enseñaste a bailar.

Nadie sabía de qué color veíamos el viento ni cuántos “te quiero” cabían en nuestras miradas, vivíamos en una religión a parte solo para dos, como el Ying y el Yang, y yo te adoraba… y tú me adorabas. Nunca sentí una fe mayor que la que sentí por ti, o contigo, ¿qué más da? el caso es que creía en nosotros.

Me acostumbré a quedarme dormida cuando me tocabas el pelo y me enamoré de tu expresión cuando te enfadabas, aprendí a hacer nudos de corbata solo para tentarte después de vestirte aunque llegases tarde a trabajar, total, la excusa del tráfico siempre colaba aunque fueras en tren; me entretenía durante horas en la suavidad de tu espalda, admirando cada centímetro de piel canela, y me sonreías con esa carita de adormilado que me tenía robado el corazón.

ropa

Aprendimos juntos a esperar, a subir y a bajar llevando la confianza como nuestra bandera, nos inventamos nuestras propias reglas para jugar a saltárnoslas y redescubrir los límites del amor, aunque yo nunca llegué a verlos, cada día que pasaba te quería más.

Y ahora siento cómo se hace el vacío por dentro, como cuando al golpearte en el pecho exhalas todo el aire de los pulmones y tardas unos segundos en volver a respirar. Ojalá pudiera decirte cuánto te echo de menos, ojalá supieras que cuando la inspiración se enteró de que te habías marchado ella se escapó por la puerta de atrás, y no ha vuelto… ojalá pudiera pedirte que me la devuelvas. Pero ya no estás aquí, ya no eres mi costumbre de contarte cómo me ha ido el día aunque aún me lo pida el cuerpo cada vez que llego a casa, y ya solo tomo café por el placer de recordarte ¿qué sentido tiene ahora mantenerme despierta un ratito más si no lo voy a pasar contigo?

¿Cómo voy a gritar que vuelvas si este nudo en la garganta no me deja respirar?

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