Estrella

Solía volar rasgando el terciopelo negro. Estrella, tan blanca como era, y con su cabello suelto jugaba a dibujar largas estelas. Revoloteaba como loca, riendo a carcajadas sin tener en cuenta un rumbo, era feliz brincando de constelación en constelación. Estrella solo vivía para saltar.

Él la conoció una noche de verano; se asomó por la ventana al escuchar su risa de duende y quedó fascinado con sus andares cuando la descubrió rodando en su jardín. Estrella clavó su mirada en el muchacho, tintineó con las pestañas y él sintió como si dos dagas atravesaran su piel; se acercó con sumo cuidado para no asustarla, se moría por mano estrellatocarla, quería ver de cerca el polvo de diamantes que la rodeaba.

¿Cómo te llamas?

¿De qué estás hecha?

Estrella se ruborizó brillando con fuerza, ¿quién era ese muchacho? ¿cómo había llegado hasta ella? un extraño y cálido sentimiento invadió su corazón de hielo; sin pensarlo dos veces le cogió de la mano y soltando sus cabellos le hizo despegar los pies del suelo. Él era propenso a marearse en las alturas, pero al llegar a la Osa Mayor se dió cuenta de que se le había caído el vértigo por el camino.

Juntos fueron el espectáculo de los románticos que les vieron aquella noche surcando el oscuro lienzo, bailando descalzos de tejado en tejado, abrazados como náufragos que se aferran a una tabla en medio del océano queriendo salvarse el uno al otro, nadando desnudos entre las nubes, haciendo castillos de auroras boreales.

Él la miraba y se preguntaba por qué algunos decían que solo era polvo, si con ella todo era luz y fuego, un espectáculo de colores que se fundían con el cielo. Y él con ella, su bella estrella.

Pero de pronto el horizonte se encendió. Confundido, la miró con una pregunta en sus ojos, y presa del pánico Estrella lloró. Él notó aflojar la fuerza de sus manos y al hablar, la voz de cristal se le quebró en pedazos.

El amanecer ha vuelto…

No hubo más explicación, ni fogonazos ni estallidos, simplemente el momento desapareció. Despertó boca abajo en el jardín abrazando con fuerza el aire vacío, medio ciego y tiritando de frío. Miró desesperado al cielo buscando a Estrella, pero a quien encontró fue al Sol que le miraba con desdén.

Pobre iluso – decía – que confunde a los eternos astros con efímeras estrellas fugaces.

Sé levantó dolorido, más en el alma que en el cuerpo, se miró de arriba a abajo y se polvo de estrellasacudió con rabia el polvo de las manos. ¿Solo era eso? ¿solo era polvo?

Era la forma que tomó Estrella para no desaparecer y quedarse a su lado, impregnada en su piel como polvo, polvo mágico de hadas que cuidara de sus pasos, o quién sabe… quizás solo sea que ya no pueda verla rodar en su jardín porque su luz se apagó, y tal vez Estrella vuelve cada noche, esperando que el muchacho la encuentre tumbada a oscuras, mirando con nostalgia al cielo, deseando que la recoja para hacerla brillar de nuevo.

 

¿Hola? ¿Sigues ahí? Vuelve a iluminarte, Estrella.

 

 

 

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