Archivos Mensuales: febrero 2015

Un desierto de madreselva

Esta noche las estrellas deben de tener el horario trastornado, o eso o se les ha olvidado salir. Supongo que será por la luna, que hoy se ha puesto especialmente guapa y brilla con luz propia. No me extraña que los lobos se enamoren de ella.

lobo

No sé qué tendrá la oscuridad, pero hace que la soledad de esta habitación pese un poquito más, como si creciera… supongo que será cosa del negro, mi madre siempre se pone vestidos de otro color porque dice que los oscuros la hacen más gorda.

Lo de siempre, las mujeres y sus leyendas urbanas.

Así que estoy aquí, tratando de cazar pensamientos en compañía de la soledad. Bueno, y de mi gato, que hace un momento ha dejado de ronronear porque ya se ha quedado dormido. Mi pequeño bichito gris…

Hoy me apetecía encender unas velas, hace tiempo las compré en el veinte duros  los chinos de la esquina y aun no las había estrenado, ¡con lo zen que soy! Tenía de dos clases, Arenas del Sáhara o madreselva. Iba a elegir solo uno, pero he decidido mezclar, como hago con los pensamientos, y darme el capricho de imaginar por un momento que el desierto huele al Amazonas. Un momento, ¿cómo huele el Amazonas? jamás se me había ocurrido preguntármelo. Tendré que apuntarlo en mi lista de tareas pendientes.

749. Visitar  oler el Amazonas.

Hala, ya está.

Como te contaba, he encendido las velas y me he acurrucado con mi peluche felino a pensar en qué momento dejé de sentirme tan viva como antes, últimamente se me olvida salir de casa con un par de sonrisas de más por si me hacen falta, y luego me toca rebuscarme en los bolsillos a ver si tuviera alguna de emergencia. Iba a estar llena de pelusilla, pero al menos me haría el apaño si me encuentro con alguna situación que la merece.

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El caso es que seguir, sigo viva, desde luego alguien que no lo esté no podría hacer los malabares que yo hago para conseguir organizar días de solo 24 horas, que digo yo que ya se podrían estirar un par de minutos aunque sea.

Pero bueno, sé que por mucho que le robara alguna hora de más al reloj no serviría para encontrar ese yoquésé quéséyo que solía venir a buscar a mi ilusión para jugar juntas por las tardes como dos niñas de risas escandalosas. No sé, te juro que no sé en qué momento me ocurrió. Lo último que recuerdo es ver cómo algunos de mis sueños caían moribundos por el hueco de una escalera, y eso fue hace ya tiempo. Pero jamás se me olvidará ese sonido como de cristal haciéndose añicos contra el suelo. Y desde entonces… silencio.

Como ahora. Aunque la respiración calmada de mi pequeña pantera me hace más compañía de la que cabe esperar de un ser que no habla. A veces pienso que terminaré siendo como la vieja de los gatos y no es algo que me preocupe, porque en realidad no se me ocurre una vejez más feliz ni más rodeada de cariño. No, no te creas eso de que solo los perros son fieles, es un mito inventado por incultos que nunca han tenido gato, te lo digo yo.

Pero yo no quería hablar de gatos… qué follón ¿ahora entiendes lo que te decía de mezclar pensamientos?

Debe de ser cosa de las velas.

Supongo que nunca fui una persona de andar por casa, yo nací con un gusto por la vientolibertad más desarrollado de lo normal, a mí me gusta besarme con el viento, disfrutar de sus caricias un tiempo y después ir a descubrir si sabe diferente en otro lugar. Volar. En otra vida fui un ave migratoria y a ésta me traje puesta la costumbre de alcanzar horizontes, imagino que será cuestión de supervivencia. Y sospecho que por eso muchas veces ahora me siento morir, como si el muro hecho de rutina que rodea mi día a día no me dejara respirar.

Estabilidad. Se me pone la piel de gallina. A mí la estabilidad me hace enfermar, yo necesito sol, vitamina D para el cuerpo y caminar por caminos que no sé dónde terminan, ni tampoco cuándo. Que yo en el fondo soy muy de mi hogar, tengo que pasarme de vez en cuando a saludar o entonces la libertad es la que empieza a ahogarme. (No se puede vivir mucho tiempo sin las tortillas de patata de mamá…)

Muchas veces me veo tentada a hacer otra vez el hatillo y sacar un billete de avión a cualquier sitio, respirar de nuevo, empezar de cero como tantas otras veces. Creo que soy adicta a esa sensación de vértigo tan única cuando te ves solo en medio de algún lugar absolutamente desconocido. Recuerdo la primera noche que dormí lejos de mi casa, a miles de kilómetros, era la primera vez que viajaba sola a otro país, y no eran vacaciones, al día siguiente tenía que instalarme en una casa que no conocía con una familia que no conocía… y una manera de conducir que no conocía. Terrorífico. Recuerdo perfectamente la sensación de estar como en un sueño, y envuelta en las modestas sábanas del hostal miré la luna durante horas, que llevaba el mismo vestido de hoy. Estaba llena, completamente llena, como intentando darle luz al paisaje para que pudiera ver el sitio tan hermoso al que desde ese día llamaría hogar.

Mi preciosa Isla Esmeralda… eres tan mágica como siempre te imaginé.

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En  fin, se van apagando las velas y noto cómo se extinguen con la llama también mis ideas. Sé que tenían que ver con un desierto y un gato jugando con los hilos de un vestido negro… o algo así. Pero no importa, mejor me voy a dormir que tengo un par de horizontes nuevos que cruzar.

Con suerte los habré alcanzado por la mañana.

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Cartas al cielo

Mi querida Mari Carmen,

Sé que hacía mucho tiempo que no me sentaba un rato contigo a charlar, espero que no pienses que después de todos estos años me he olvidado de ti, es solo que a una se le hace difícil cuando se pone a recordar.

Esta tarde salí a dar un paseo; últimamente me hace falta caminar sin pensar a dónde, ya sabes, la vida la forman rutinas y decisiones y alguna vez necesito darme el capricho de dejarme llevar. El caso es que sin darme cuenta hoy mis pasos me llevaron hasta tu casa. No sé por qué me bancohe obligado a sonreír, y aun sintiendo una punzada en el alma me he acercado al banco en el que solías sentarte en verano a verme jugar mientras hacías tus crucigramas, esos que a mí me parecían imposibles de resolver.

Venga, intenta adivinar esta: Persona que monta a caballo con destreza.

Mmm… no me la sé.

Claro que la sabes, mira, empieza por la jota.

Que no me sale , es muy difícil…

JINETE, tonta, pues claro que la sabía… pero estaba tan distraída viendo a Willy escarbar agujeros que no me concentraba en otra cosa. Sin embargo ahora, allí sentada, la palabra me retumbaba en los oídos.

No he podido evitar mirar hacia tu balcón sin arrepentirme, está tan sucio y desmejorado que hace demasiado real el hecho de que ya no estás aquí; es doloroso verle pedir a gritos que vuelvas para cuidarlo, tú que lo tenías siempre lleno de flores para salir a tomar el sol en nuestra manta y pasar las tardes de domingo con el cerebro congelado de tanto comer helados, intentando jugar al jenga… ¿Te acuerdas de lo malas que éramos? tan malas que nos cansábamos en seguida y pasábamos el resto de la tarde construyendo casitas para mis juguetes del Kinder Sorpresa que siempre me dabas para merendar.

Jenga

Me he acordado de aquel día que viniste a buscarme al cole; esa niña que me odiaba tanto se había estado metiendo conmigo y yo estaba muy triste. Cuando te vi sacándome la lengua desde el otro lado de la puerta sentí tanta emoción que rompí a llorar como una cría… bueno, como lo que era. Me abrazaste muy muy fuerte y sacaste del bolsillo un pañuelo de colores que habías traído para mí. Volvimos a casa buscando piedras raras, como siempre, para pasar la tarde pintándolas con témperas; recuerdo que siempre las pintaba todas de rojo porque aunque fueran cuadradas yo me empeñaba en hacer corazones, pero tú siempre les encontrabas formas divertidas y te reías de mi asombro cuando convertías una piedra gris en mi animal favorito. Aún lo pienso y me sorprende cómo sabías las cosas insignificantes que me hacían feliz, como cuando te disfrazabas de la Tonta del Bote y me perseguías por la casa haciéndome reír al borde de la histeria.

La persiana de tu cuarto estaba bajada y se me ha escapado una sonrisa recordando una tarde que te echaste a dormir; habían sacado a pasear a Willy y yo me aburría tanto que me dediqué a untitledenvolverme con toda la ropa de tu armario, puse el baño patas arriba en busca de tu pintalabios y me transformé en un cuadro de Picasso de dudoso estilo. Cuando te despertaste y me viste así creí que estabas tan enfadada que no podías ni mirarme. Hoy me he dado cuenta de que en realidad solo intentabas que no te viera aguando la risa.

Me enseñaste a ponerme bizca para que pudiera ver los dibujos escondidos en 3D, me explicaste que las nubes se forman porque el cielo bebe del mar cuando tiene sed,  y rompí mi primer vaso cuando quise que me enseñaras a fregar. Me acuerdo que para reponerlo te regalé mi preferido de juguete, ese morado con flores blancas; tú lo lavaste a conciencia para usarlo en la cena y que yo dejara de sentirme culpable. Eras tan buena, Mari Carmen…

Hace poco mamá me contó por qué me llevaste aquel día al parque de atracciones, acababas de saber que estabas enferma y me quisiste regalar el mejor de los últimos manzanarecuerdos. ¿Y sabes qué? Lo conseguiste, como todo lo que te proponías, en mi retina se grabó para siempre la sonrisa radiante en tu cara esperándome con una manzana de caramelo mientras yo te saludaba acongojada desde una noria que para mí era gigante, me llevaste a caballito de una punta a otra del parque a pesar de tus pocas fuerzas, y al dejarme en casa no dejaste que la tristeza empañara el que tú sabías que sería nuestro último abrazo.

Quizás pienses que ya casi no me acuerdo de ti porque cuando te marchaste yo solo era una niña, pero me diste tanto amor… me hiciste tan feliz que tu huella quedó esculpida en mi corazón, y no necesito que un balcón vacío me recuerde que te extraño cada día.

Pero yo sé que estás bien, que te guardan como un tesoro donde quiera que estés porque siempre fuiste un ángel, y estoy segura de que te ganaste las alas más bellas del cielo.

Brindo por ella

Hoy no es un día especial, no es mi cumpleaños ni tampoco el aniversario de algo que me ocurriera hace años. Pero hoy es un día tan bueno como otro cualquiera para comprar el champán más barato del chino de la esquina, brindardescorchar la botella y brindar, porque los mejores brindis se hacen sin pensar, por esos motivos que te arrancan una sonrisa cuando menos te lo esperas.

Y hoy mi brindis va por ella, por ese día cualquiera en el que el tren donde yo viajaba paró en su estación, se subió y con ese descaro suyo se sentó conmigo en el vagón.

Brindo por esa enorme sonrisa que algún artista cinceló en su cara y que me dedica tan a menudo en mis días grises, y porque también me las regala cuando es a ella a quien le llueve. Por ser mi buzón de sugerencias y oídos de mis confidencias, por confesarme sus secretos y confiar en que los guardo.

Por su espíritu incansable de adolescente de quince años y por ser la voz de la razón si me desvío del camino. Por encontrar lo que me falta cuando ni si quiera sé lo que he perdido, por ser la mano que me levanta y buscar la mía cuando tropieza. Por cómo tapa mis goteras y aunque haga frío, me abriga y me lleva a pisar charcos. Por ser la mejor amiga rubia que toda castaña necesita.brun

Brindo por las tardes en la cocina intentando hacer pasteles, terminar pringadas de nata y envueltas en harina; por las noches locas en las que coger el coche, conducir hasta que se nos acaba el camino y reírse conmigo de mí misma mientras doy marcha atrás por calles desesperadamente estrechas. Por sacarme de la cama cualquier jueves con una llamada de madrugada para invitarme a un par de copas y bailar hasta que salga el sol; por las cantidades industriales de helado en tarrina que han desaparecido cucharada tras cucharada en su sofá bajo una manta, por las lágrimas que me seca con la manga y las que yo no dejo que le caigan. Por todos los príncipes azules que se nos destiñeron y por las veces que las que desteñimos fuimos nosotras.

Por todas esas películas que nunca terminamos de ver juntas por quedarnos dormidas, por todos los vecinos que nos han oído gritar a deshoras, por nuestras guerras nocturnas contra los mosquitos y los veranos en su jardín contando estrellas.

Por aquella vez que desde miles de kilómetros fue capaz de sujetar mi mundo para que no se me cayera encima, apuntalando bien mi vida y siendo mi único apoyo. Por las Guinness en mi Irlanda y las Kölsch en su Alemania, y por las llaves de nuestro candado que descansan ya oxidadas desde hace algunos años en el fondo del Rin.

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Por ser la persona que mil veces pedí al cielo, por ver que va pasando el tiempo y a pesar de mis defectos sigue siendo mi incondicional compañera, y por ser tan diferente a mí que no sabría vivir sin ella.

“Brindo por ti, por ser mi persona favorita y mucho más que mi mejor amiga. Por las historias que nos quedan por contar, por los capítulos thelma y louiseque aún tenemos que escribir en nuestro diario, por los enfados que vendrán y los abrazos tan fuertes que harán que se olviden. Por los viajes de carretera y manta cuando vayamos en busca del fin del mundo, y por la certeza de que cuando lleguemos hasta allí aún nos quedará mucho más camino juntas.”

 

Y si tu mundo está al revés, prueba a hacer el pino

Qué bien se nos da ahogarnos en un vaso de agua, puede que sea por vicio o por la tendencia al caos que forma parte del ser humano. Nos gusta decir que vamos buscando la forma de ser feliz, pero lo cierto es que preferimos dedicarnos a deshacer los puzzles cuando los terminamos, porque somos así, inquietos exploradores y creadores de nuevos paisajes.

A veces nos atascamos y todo nos parece un problema, el escritor se desespera porque su musa ha pedido una excedencia y está de año sabático en algún lugar pasado el ecuador, el estudiante de primera empieza a suspender parciales porque se ha distraído cuando el amor le ha saludado desde un balcón y las aves migratorias se pierden por el camino porque este cambio climático nos tiene a todos despistados.

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¿Qué será lo que desata en nosotros esa ansiedad de quererlo todo, y quererlo ya? Cuando somos niños tenemos la ventaja de no saber pensar más allá, y cada cosa que descubrimos se lleva toda nuestra atención. Disfrutamos de aprender, de sorprendernos cuando papá está arreglando el tostador y nos enseña cómo es por dentro, sabemos conformarnos con una sola cosa sin tener la necesidad de abarcar varias a la vez. Pero según vamos creciendo nos vamos acostumbrando a la sensación de la ilusión y buscamos otras formas de conseguir sentirla con la intensidad de antes. Qué estúpidos, hemos desaprendido a emocionarnos y no nos damos cuenta de que sigue estanlunesdo ahí, en cosas tan sencillas como el dibujo infinito de las ondas en el agua cuando tiras una piedra,  en  el regusto dulce de por la mañana cuando recuerdas que has soñado con él o en el olor a palomitas recién hechas.

Vaya, no debería hablar de esto antes de comer…

Nos complicamos porque nos da por trabarnos en los “problemones” más sencillos, nos empeñamos en estudiar nuestra realidad a través de una lente que no corresponde a nuestra dioptría y lo vemos todo mucho más grande, mucho más lejos o mucho más borroso de lo que es. A veces nos da por agobiarnos pensando que no llevamos el mismo rumbo que trazamos antes de salir, ¿no has pensado nunca que el hecho de que no quieras ir a un lugar no significa que no merezca la pena? Una vez mis padres me llevaron a París en contra de mi voluntad (era demasiado adolescente para aceptar un viaje en familia) y aún recuerdo con asombro esas calles kilométricas con sus árboles perfectamente recortados en línea recta, y las cosquillas en la boca del estómago al asomarme al balcón de la Torre Eiffel. Jamás olvidaré todo lo que aprendí de en ese viaje.

Aconsejan por ahí pinoque si la vida te da limones, prepares la exprimidora y te hagas una buena limonada. Yo soy más de hacer el pino cuando todo está al revés, ¡qué más da si vas en falda! ponte unas mayas cortas debajo y a correr, como cuando ibas al cole. Vuelve a ser un niño, los niños siempre encuentran soluciones sencillas a los problemas: si se acaba el dinero dibujan un billete con rotus, y si les duele la cabeza no se preocupan porque mamá compró tiritas ayer.

Aprende a sentarte y disfrutar del puzzle que estás intentando armar, no prefijes un tiempo récord para acabarlo y céntrate en la pequeña emoción cuando consigues encajar una pieza con otra. Créeme, así es mucho más divertido.

           “Si quieres volar primero tienes que despegar los pies del suelo ¿No puedes? entonces prueba a quitarte los zapatos”